Charles Manson y Carlos Robledo Puch, además del nombre, tienen algunas cosas en común. Ambos influenciaron a la cultura pop desde un lugar tristemente célebre, un tanto incómodo para contar, pero que Luis Ortega resuelve sencillo en “El ángel” con un film ambicioso, convertido en la película de mayor distribución de la historia del cine nacional.

“El ángel”, que también pasó por Cannes, está inspirada en el asesino serial vernáculo que sacudió la década del 70′ y que terminó preso con apenas 20 años. Si bien Puch está vinculado con la violencia más visceral, el largometraje puede pasar desapercibido como policial y volar libre, como Carlitos quería serlo.

Con Pedro Almodóvar y su hermano Sebastián en los créditos de la producción, el director apostó por un protagonista que nunca antes había hecho cine. El joven hijo de Rafael Ferro, Lorenzo, fue otro acierto incuestionable del también director de la serie televisiva “Historia de un clan”. El freestyler Ferro Jr. deslumbra en su debut en la pantalla grande con un personaje freak y absurdamente inocente que pone al espectador en un lugar engorroso ya que cuesta no encariñarse con los rizos, los gestos, y los movimientos desgarbados de un adolescente que interpreta al homicida que movilizó al mundo del hampa argento, a finales de los 60′.

La cinta repartida por la 20th Century Fox también cuenta con otros talentos jóvenes como Chino Darín y Peter Lanzani, mechados con consagrados como Cecilia Roth, Daniel Fanego, el chileno Luis Gnecco y Mercedes Morán. Si bien es un policial autobiográfico por momentos los detalles se tornan disparatados o costumbristas. Hay escenas tarantinescas como los bailes angelicales de Ferro (con “El extraño de pelo largo” de La Joven Guardia) porque la música no es un detalle librado al azar en “El Ángel”. Billy Bond, Pappo y la sensacional versión, de Palito Ortega, de “La casa del sol naciente” son algunas de las canciones que le dan un aire de road movie.

La historia de Robledo Puch no tiene muchos enigmas. Sus actos se espectacularizaron y hasta lo convirtieron en un ícono pop que Ortega supo revivir casi haciendo olvidar que se trata de una biopic. No es sencillo contar la historia de un criminal tan frío y despiadado, que conmocionó a la turbulenta sociedad argentina de aquellos tiempos, pero ese prontuario delictivo pasa a un segundo plano.

El tino de Ortega está intacto en esta película. No juzga al protagonista y es secundario el status quo en épocas de Onganía o la condición sexual de Carlitos, que en aquellos tiempos se preponderó como un agravante para sus crímenes, en una sociedad retrógrada y atormentaba por los gobiernos militares. Por otro lado, las escenas eróticas son deliciosamente sugerentes y muy sexies. Otro punto a favor.

En “El Ángel” se prioriza contar el cómo y no el quién o el dónde. Sin prejuicios. Está ambientada con rasgos vintage y aunque algunos diálogos pecan de actuales, es totalmente intrascendente porque en cierto modo nos enorgullece que este nuevo cine nacional esté a la altura de cualquier megaproducción.

Más sobre “El ángel” por María Fernández…

Pelo rubio, rizos, cara de ángel inocente pero a la vez perverso, con un dejo de humor, pero del negro, con una pizca de desfachatez. Pibe de clase media… “Carlitos” -como le decían o se hacía llamar- tenía su destino, como él mismo dijo: “todos tenemos nuestro destino”. Ladrón de nacimiento, no creía en la propiedad privada e iba por todo… no le importaba nada, parecía que no tener miedo… era libre en su profesión. Casi un niño, mejor dicho adolescente que allá por los 70′ la prensa lo bautizó como asesino serial, uno de los mayores psicópatas y criminales de la historia del país, fue llamado “el ángel negro”, de allí el nombre del film: “El ángel”.

Con tan solo 20 años, Robledo Puch fue condenado a cadena perpetua por varios delitos. Más de una decena de homicidios, 17 robos, una violación y dos raptos. Hoy, su historia fue contada por el director Luis Ortega, y protagonizada por Lorenzo Ferro, Chino Darín y un reparto de la hostia. El psicokiller fue encarnado por el hijo del actor Rafael Ferro de manera ideal. Tiene su toque angelical, a su vez rostro y gestos aterradores, que patea con Ramón, su cómplice (Chino Darín). Esta dupla de jóvenes criminales ofrece cierta tensión sexual, amistad, escenitas de celos y un romance platónico.

El touch de Luis Ortega, que se ve en otras producciones suyas, pasa por la comedia ya que es imposible no tomarse diversas escenas con un poco de humor, a pesar de la historia pesada que se cuenta.

La banda de sonido es impecable, marcada por “El extraño de pelo largo”, con Carlitos bailando al son de esta canción casi biográfica porque “sin preocupaciones va”. Transcurre la peli y suenan Pappo, Manal y Heleno, entre otros. Por la época, y pese al parentesco, es infaltable Palito Ortega sonando en el playback de Ramón, el coequiper del Ángel Negro.

Sensaciones encontradas que no generan odio ni repudio por las acciones de Puch (al menos en el film). Aunque son totalmente abominables, el sello Ortega cuenta la historia de uno de los mayores criminales de la Argentina, a su manera.

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