El mundo de lo absurdo convivió en su década de apogeo en los maravillosos 90. Una bisagra entre lo majestuoso del VHS y los primeros esbozos de la era 2.0. Ni chicha ni limonada.

Sospechamos que no era tan sencillo como en estos tiempos consolidarse como artista pero el caso de Jordy Lemoine tuvo un ayudín porque su padre, Claude Lemoine, y su madre, Patricia Clarget (productor y compositora respectivamente), le tendieron una enorme mano para acercarlo a Columbia Records que no dudó en explotar editar las canciones del niño.

Jordy tuvo así su momento de gloria e irrumpió con el one hit wonder “Dur dur d’etre bebe”, algo como “Es muy duro ser bebé”. Una joya de aquellos años dorados.

Pero lo que parecía un grito revolucionario y libertario poco edípico del gurí yacía en una idea de letra que su madre compuso para él. Quedarse sin comer postre, ir a dormir o lavarse las manos eran algunas de las directivas que Jordy aceptaba a regañadientes. La vida es un poco cuesta arriba y este escuincle la arrancaba mal a los cuatro años.

Los padres de Jordy, según cuenta la leyenda improbable, despilfarraron la fortuna que cosechó este éxito descomunal pero no hubo bises y el pequeño desapareció del mundo mediático para volver a las canchas formando adivinen qué. Claro, una banda punk, luego de separarse y hablar pestes de sus progenitores y también tras ganar un reality show.

La historia cuenta que también se pudrió de ser punkie y se dedicó a hacer bandas sonoras para películas. El álbum de su banda, Jordy and The Dixies, se editó en 2008 (Jordy tenía 20 años) y lo pueden comprar en DiscosGs.

Lemoine Jr. también creó un sello discográfico para difundir diversas actividad culturales y bajo los efectos de un raro síndrome de Estocolmo le puso como gracia Dur Dur Productions. Es tan duro ser grande…

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