Extraño mucho a Messi. Extraño verlo correr. Extraño verlo agachar la cabeza y amargarse. Extraño ver a los idiotas del periodismo criticándolo. Aunque sea quisiera verlo perder una vez más. No me importa. Lo extraño.

Tengo ganas de volver a ver a Lionel, o a Leo, como le dicen los catalanes. Pese a que lo marquen y le peguen, o putee a un juez de línea. Lo sigo extrañando. Realmente lo extraño mucho.

Extraño esa química rara que tiene con Maradona. Tan diferentes. Tan iguales. Tan salames somos que los comparamos en vez de agradecer que pudimos ver en menos de 30 años a los dos mejores del mundo con nuestros colores.

Me gustaría volver escuchar a la prensa diciendo que engañó a Antonella con 120 prostitutas rusas. Aunque sea verdad, aunque sea mentira. Extraño eso también. Y su gambeta enojado. Su forma inocente de hablar o de mirar a la pelota. De alejarse de ella. De tomarse un tiempo dentro de los 90 para volver a amarla con furia y destrabar lo indestrabable.

Extraño el festejo invocando a la abuela Celia. En realidad no sé si extraño a la Pulga o verlo celebrando. Capaz extraño a Celia. Capaz extraño el fútbol de potrero y no me guste el de oficinistas. No lo sé, lo único que sé es que extraño mucho a Messi.

 

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