El material es un doble CD + DVD con imágenes de la última gira del español y algunas de las canciones emblemáticas de su carrera.

Joaquín Sabina echándose un pulso a sí mismo

Por Benjamín Prado

En realidad, Lo niego todo siempre ha sido un disco en directo. La letra y la música de sus canciones se hicieron como si Joaquín Sabina, Leiva y yo fuésemos tres artistas que salieran al campo a pintar del natural; por eso lo que se ve es lo que hubo y lo que se oye es lo que pasó en aquel verano: tres amigos que comparten una casa, desayunan y cenan juntos, escriben y componen, buscan una rima o un estribillo, una melodía o un adjetivo sentados en un jardín cerca del mar. Durante las sesiones de trabajo, nadie está sólo y todos escuchan a todos, de manera que las canciones van llenándose de lo que aporta cada uno y las ideas que surgen y nos gustan son igual que animales recién alumbrados: se ponen en pie y echan a andar según nacen. Así es ocurrió: llegaban los versos, les daba caza la música y de inmediato eran interpretados, ya tenían sonido, ritmo y hasta público, gracias a la familia y los amigos que andaban por allí. Ya sólo quedaba subirlas a un escenario y ver qué le parecía a la legión de seguidores que tiene en medio mundo Joaquín Sabina.

Y ahí empezaba otro reto interesante: cuando se habla de él, hay que tener en cuenta que es el autor de Contigo, Y sin embargo, Princesa, Noches de boda, Peces de ciudad, Y nos dieron las diez…Es decir, hay que intentar escribir cosas que sean capaces de echarle un pulso a esas obras maestras que, resumiendo, son lo mejor que se ha escrito en nuestro idioma. Joaquín tuvo desde el principio muy clara la estructura de sus actuaciones: habría una primera parte monopolizada por las composiciones de Lo niego todo y una segunda en la que saldrían a relucir sus clásicos. La primera vez que lo vi, supe que funcionaba. Que las recién llegadas, aguantaban el tirón. Incluso, como puede comprobarse en este disco, también fue evidente que el nuevo repertorio había calado en las gradas: los espectadores cantaban a voz en grito Lo niego todo o Lágrimas de mármol y se echaban un bailecito con Las noches de domingo acaban mal o ¿Qué estoy haciendo aquí?, que a lo largo de la gira cedió su sitio a Sin pena ni gloria. Después, los números uno de Sabina, caviar con banda, llegaban para rematar la faena y ganarse una vuelta al ruedo de las grandes. El experimento, sin duda, funcionaba. Ahora, los que estaban allí pueden recordarlo y los que no, se lo pueden imaginar, oyendo este disco o viendo este DVD.

Se ha hablado mucho de que esta podría haber sido la gira de despedida de Joaquín Sabina. No lo creo, ni él tampoco, pero en algún momento jugamos a que sí y eso ayudó a pensar en la que se avecinaba como una ocasión de irse por la puerta grande y con canciones muy de escenario, capaces de poner a los presentes en pie y dejarles un buen recuerdo. A veces, contarse una mentira te ayuda a hacerlas cosas muy de verdad, muy con el corazón en la mano y las cartas sobre la mesa, y así son estas canciones, transparentes: a través de ellas, se le ve a él, sin trampa ni cartón.

La gira de presentación de Lo niego todo fue larga, intensa y triunfal, dejó un reguero de palmas, coros y bailes por toda España y Latinoamérica, y también en Londres o París, y en cada uno de esos lugares se puso el cartel de no hay billetes en las taquillas. Algo así no podía acabar sin más, y por eso este disco y este DVD lo han puesto a salvo. No hay más que escucharlo para darse cuenta de que fue algo digno de guardarse y ser recordado. Pura emoción. Una fotografía del más grande en el lugar donde más a gusto se encuentra: en directo, ante los suyos. Bienvenidos otra vez.

 

 

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