La menor de las Williams atraviesa un momento beligerante en su carrera. La multicampeona de 36 años ya había dado letra cuando irrumpió en Rolanga con calzas térmicas en lo que parecía su armadura de pantera y en realidad fue el traje postparto de la enorme tenista norteamericana.

El atuendo estaba inspirado en una heroína de Marvel, una especie de cruza maravillosa entre Catwoman y una princesa guerrera de Black Panther. Pero como anticipamos, el uso de dicho traje no fue para tirar facha o por gusto estético ya que, además, la tecnología de esta ropa deportiva le permitía “una mejor circulación sanguínea” (Serena tuvo complicaciones médicas después de la llegada de su primera hija, Olympia, las cuales le provocaron “coágulos sanguíneos”).

Pero el pacatismo del deporte de las raquetas y las pelotitas tiene reglas claras y la polémica para la estadounidense le valió el reto en el Grand Slam parisino.

Unos meses después, volvió recargada e hizo bardo escandaloso en el US Open, de local, cuando, en la final perdida ante la japonesa Osaka (2-6, 4-6), reventó su paleta contra el piso y se trenzó feo con el umpire.

Aunque no haya tenido razón bancamos a Serena Williams:

 

 

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